Con la llegada de las altas temperaturas ha terminado mi temporada alta de viajes y excursiones en Extremadura y entorno. Ha sido un periodo fantástico, con observaciones preciosas, paisajes verdes y floridos gracias a las últimas lluvias, repleto de vivencias entrañables en compañía de mucha gente encantadora.

De nuevo he tenido el privilegio de poder acompañar y guiar a holandeses, ingleses, suecos, belgas y, last but not least, españoles en varios viajes y excursiones por el precioso campo extremeño.

Junto con mis “guests” he disfrutado de la elegancia de las grullas, la alegría de los vuelos nupciales de las águilas, la ternura de los buitres cuidando a sus polluelos, la exageración de la rueda de la avutarda, el arte creativo de la ganga ibérica, el ingenio del pájaro moscón a la hora de construir su nido, la gracia de la abubilla, la velocidad vertiginosa de los picados del halcón, el escándalo del canto del ruiseñor, el colorido exótico del abejaruco, el mimetismo del autillo, el descaro del críalo, la modestia de la curruca mirlona y la “patosidad” del calamón… me declaro un gran fan de la biodiversidad extremeña!

He tenido el placer de moverme en la pasada temporada por algunas de las comarcas naturales más bonitas de Extremadura como la Sierra de San Pedro y los Baldíos de Alburquerque, el PN de Monfragüe, los llanos de Santa Marta de Magasca, La Campiña Sur, la Sierras de Hornachos y Alange, así como a lo largo de los ríos Tajo y Guadiana y sus afluentes.

Además de maravillarme con tanta biodiversidad, por desgracia, también me he deprimido en momentos al constatar el declive tan dramático que sufren algunas especies como el sisón, el mochuelo, el críalo, el cernícalo primilla o el aguilucho cenizo en los llanos pseudoestepáricas de Extremadura. Esperemos que se pueda corregir esta evolución en breve. Del mismo modo me ha entristecido y enfadado a la vez el ver la aplicación generalizada de pesticidas tóxicas en el campo. El rociado con veneno de todas las cunetas de las carreteras por parte de las administraciones da muestra de una falta total de información, sensibilidad, interés y compromiso con la Vida. Esperemos que recapitulen pronto para que nunca llegue la “primavera silenciosa” a Extremadura.

Me considero un privilegiado por tener este trabajo y poder compartir mi afición, nuestra afición con tanta gente aliada, interesada y comprometida con la conservación de la naturaleza. Y estoy muy agradecido por lo que la naturaleza extremeña y la sociedad que la sustenta me proporcionan día tras día.

Ahora, las altas temperaturas me fuerzan a explorar otros destinos como el Macizo Cantábrico, el Pirineo, el Estrecho de Gibraltar e incluso Islandia y Gambia, viajes que afronto no con menos ilusión pero siempre impaciente a que llegue de nuevo la primavera extremeña.